Todo lo que no se ve, lo que nadie nos contó, lo que se quedó en la piel...
Bienes materiales, de eso vivimos, de eso sentimos.
Me entristece reconocer que tendemos a darles un valor elevado...que muchas de las veces nos importan demasiado.
Desgraciadamente,
la mayoría de todos nosotros deseamos tener todo lo posible, deseamos
conseguir las cosas más de moda, deseamos tener más y más, deseamos
conseguir cosas que podamos tener entre las manos y presumir de ellas,
deseamos tener cosas que nadie tenga, o que necesites tener para no ser
el único. Sólo lo queremos por ser algo, por poder verlo, manejarlo,
comprarlo y utilizarlo.
Queremos, deseamos, anhelamos pero realmente no lo necesitamos.
Y
lo peor de todo no es eso, sino que en cuanto más tenemos, mejores nos
creemos, y peores vemos a los demás, a aquellos que no quieren tenerlo o
a los que no pueden tenerlo.
Conseguir, obsequiar, alcanzar. Lo valoramos demasiado, nos importa más conseguirlo que necesitarlo.
Y
ahí es cuando empezamos a vivir de ello, porque en cuanto más nos den y
podamos tener, en cuanto más tenga el otro y nosotros podamos
conseguir, así valoramos a las personas. Y eso es lo triste, que paramos
de sentir, que nuestra ansia y egoísmo nos invaden y empezamos a
valorar las cosas, dependiendo de cuanto podamos recibir. Que nuestro
corazón no elige... que ya no sentimos.
Y cuando todo eso pasa, nos
acostumbramos a tenerlo todo porque la mayoría de las veces el dinero
puede comprarlo, y cada vez recibimos más y damos menos. Cada vez
queremos tenerlo todo sin hacer nada. Y por eso nuestra locura se desata
cuando el dinero no puede llegar más allá de lo que queremos, cuando
hay cosas que no podemos conseguir tan fácilmente. Y eso también lo
valoramos, cuando no podemos comprar algo, aquelllos que lo consiguen
con puro esfuerzo y nosotros lo deseamos sin tener que movernos si
quiera, nos enloquece y terminamos por juzgarlos, sin dejar actuar al
corazón...
Bienes materiales, de eso vivimos, de eso sentimos...y la mayoría no lo necesitamos.
Podríamos cerrar los ojos y ver lo que nadie ve.
Podríamos aprender a vivir del esfuerzo, sin nada a cambio.
Podríamos empezar a sentir lo que tenemos, dedicándoles una sonrisa y cuidando de ellos.
Podríamos querer regalar cada día un poquito de magia.
Podríamos empezar a hacer todo esto, y no porque yo lo desee, sino porque realmente lo necesitamos.
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