Una oleada de gente que entra, que sale...que habla, que grita y ríe...
que anda, que corre y salta... que se acelera, que saluda, que se
enfurece, que se sorprende y que se alegra.
Una oleada de gente, como otra cualquiera, que hace su vida, que vuelve a casa...
Una
oleada, formada por gente, aparentemente igual, que va a lo suyo, que
no mira atrás, que emprende su vida sin dificultades, que se siente
acompañada..
Y tú, estás en el medio, como un completo
desconocido, te abres paso timidamente, intentas encontrar a alguien que
mire hacia atrás y te divise entre la multitud, alguien diferente,
alguien que te saque de ahí, que vea que tras una inmensa oleada de
gente, todos no somos iguales, todos no encajamos en ella. Y en ese
momento cuando crees que la gente te absorve, que no vas a salir de
allí, que no hay esperanzas, piensas:
"¿Qué hago yo aquí?" y con
todas tus ganas, intentas despejar tu mente y piensas en tus sueños, en
tu paraiso, en tu vida. Pero la pregunta no deja de resonar en tu cabeza
y decides avanzar, mirar hacia delante y buscar un espacio, un pequeño
hueco donde poder permanecer.
Y entonces, la oleada te saca del
ensueño, intentas avanzar y te das cuenta de que nada a cambiado, de que
sigues ahí en medio de todo el barullo, sin poder a penas respirar, sin
poder moverte y sin que nadie te saque. Te ahogas, necesitas salir y lo
único que piensas en desaparecer.
Día tras día, la pregunta te pesa demasiado:
"¿Alguien notaría mi ausencia si desapareciese?"
Aprietas
los puños y decides no obsesionarte, pero es inútil, aquella gran
oleada no se moverá a tu favor, no dejará que encuentres tu sitio.
Desaparecer...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.