-Háblame. Dime cómo me ves. Dime como soy, mis defectos, mis virtudes.
Descíbeme. Dibújame. Háblame todo el día. Cuéntame como ves a los demás.
Cuéntame como son, relata sus vidas. Retrátalos. Dame tu opinión.
Exprésame como ves el mundo, como lo conoces, como lo imaginas y como lo
deseas. Háblame de todo. Estaré dispuesta a escucharte.
-¿De verdad?
- Sí, lo estaré.
-¿Y no quieres nada a cambio?
-No,
tú convénceme de que te escuche. Insísteme. Empéñate en que yo te
sonría, en que te ayude, en que te consuele. Repíteme mil veces que no
me vaya. Asegúrate de que estoy ahí siempre. Haz que te cuide, que te
haga feliz. No pares hasta conseguir que esté a tu lado, pase lo que
pase.
-¿Y qué consigues tú con eso?- preguntó un poco extrañado.
Ella, con una sonrisa permaneció en silencio.
-Está bien- prosiguió él- ¿qué tengo que hacer por tí?
-Nada- contestó ella tranquilamente-Tú sólo disfruta de mí. Conóceme. Y cuando lo hagas, vuelve a empezar.
Háblame.
Dime cómo soy y cómo me ves. Y verás lo mucho que he cambiado.
Sonreirás y entenderás todo. Me mirarás y desearás congelar el tiempo,
para que el momento en que realmente me conociste no acabe nunca y
entonces no querrás dejarme ir. ¿Comprendes ahora lo que quiero de tí?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.