Y ves como la vida te desintegra sin apenas poder hacer nada para
evitarlo. Y te sientes húmedo, empapado en tus propias lágrimas, te
sientes inútil, detrás de todos esos grandiosos objetivos por cumplir,
detrás de esa inmensa lista de cosas por hacer, te sientes frágil, quizá
porque has deseado tanto algo que sientes que en cualquier pequeño
movimiento erroneo, todo se desmorona, se destroza, se acaba. Y en el
fondo sabes que sólo ha sido un mal día, que todo se arregla, que todo
se olvida, pero otra vez aparece el miedo, el que te hace dudar de ti
mismo, el que te plantea que alomejor el culpable de todos tus males
eres tú mismo, que el que está haciendo mal todo eres tú. Y eso asusta,
porque si pensabas que lo estabas haciendo todo bien, ahora ya no lo
sabes. Porque duele quete digan que lo haces mal, pero siempre podrás
cambiarlo. ¿Pero y si nadie te dice si lo haces mal o bien? ¿Y si lo
estabas haciendo mal todo el tiempo y si todo lo que piensas que es
bueno, no es así? Y eso asusta, de veras.
Siempre podrás observar
la luna y llenarte de su luz y pensar en mí de vez en cuando, y si
alguien te plantea alguna vez la bondad de la luna, no dediques ni un
solo minuto en cuestionarlo, independientemente de si la luna es buena o
mala, allí estaremos siempre tú y yo y nadie jamás podrá decir que lo
que hacemos está mal o bien, porque nosotros somos lo únicos que lo
sabremos de verdad.
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