viernes, 31 de agosto de 2012

Los domingos me suelo jurar que cambiaré de vida.

Admiramos a los valientes, a aquellos que tienen autoestima, son capaces de saber que pueden, de ver más allá. Decimos ojolá yo tuviera el valor, ojalá yo pudiese... Cuando un niño es pequeño dibuja, imagina crea inventa, y no sé por qué nos aventuramos a decir que no pinten el cielo rojo o que los árboles son verdes, que no los coloreen amarillos. Valiente tontería. Estamos quitandole autoridad, ellos imaginan su propio mundo y así le hacemos seguir unas pautas, le establemcemos un orden. Y llega el día en el que cuando nada de eso existe, no saben de que color es el mar. No saben valerse por sí mismo, necesitan a alguien que les guíe. Maldita sociedad que nos encierra, no dejandonos ser libres, que nos agarra fuerte, que nos pone estereotipos y modelos perfectos. Que establece lo bueno y lo malo, lo que está bien y lo que no, las cosas valientes y las débiles, los guapos de los feos. Que nos quita la imaginación, que nos impide seguir pauta alguna fuera de lo establecido ,aquellas que están escritas en un papel.

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