Desde lo alto de un avión el mundo se ve diferente. Es como cuando somos
pequeños y observamos un globo terráqueo. Todo nos parece enorme
comparado con el diminuto punto en el que nos aseguran que estamos
nosotros ahora mismo. Se ve la inmensidad de los lagos y el cielo azul.
Los gigantescos coches y camiones ahora son como pequeñas hormigas e
insectos. Se ve todo diferente.
Por eso cuando bajas y vuelves a ver todo normal, te das cuenta de la importancia de cada persona.
Cuando
has visto algo tan hermoso y sabes que poco a poco lo estamos
disipando, te das cuenta de que todo esta unido, de que todos nosotros,
cada pequeña persona que se divisa desde el cielo es una pequeña parte
del mundo. Cada planta, animal y ser vivo.
Porque cuando un rascacielos te parece una pequeña piedra en el campo, los problemas parecen más pequeños.
Pero
cuando bajas y ves que el rascacielos apenas tiene final, ahí es cuando
te das cuenta de todo. De que este mundo es algo grande que tenemos, de
que no seríamos nada sin él, de que cada pequeña y diminuta parte es
importante.
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