Las personas hacen daño. Te rompen sueños, los deshacen y los queman. Te
rompe el alma y el corazón. Y entonces sientes como en tu interior algo
no cuadra, algo inmenso que antes te daba el sentido a la vida, ahora
arde. ¿A quién le importa cuánto sufras?
Al final, terminas por
seguir tu camino, sola como siempre, por que al fin y al cabo, las
calles de la ciudad son las únicas que saben escucharte. Y empiezas de
nuevo, a crear sueños, a ensachar tu corazón, a volver a querer a las
personas, a regalar sonrisas. Y te das cuenta de lo injusta que es la
vida. De que no es justo que te rompan en dos, no es justo que se
olviden de ti y de que tengas que superarlo sola. Y como siempre
empiezas a buscar caras a las que ayudar, eso te reconforta, saber que
en el mundo existe un poco de amor. Porque aunque lo intentes, no paras
de sentirlo todo, no paras de entristecerte al ver como cadía somo más y
más egoistas y rompemos más y más vidas.
Te aseguro que te llegerá,
si eres como yo, que habrá momentos que tu sola te romperás el corazón,
solo para salvar el de otros. Que te hundirás a ti misma para darlo todo
y que tendrás que volver a superarlo tu sola, enfrentarte al dolor.
¿Cómo parar todo esto, parar de hacerte daño? Te preguntarás. Y
sinceramente no vas a poder, porque el sentimiento es enorme y lo darás
todo por hacerle ver al mundo y a las personas que no están solas. Pero
lo peor de todo, es que pocas veces se darán cuenta de lo mucho que
hiciste por ellas.
Y entonces te volverás a hundir en ti misma, sola en este inmenso mundo y aún así volverás a ayudarlos una y otra vez.
-Hace
tiempo que no observaba la luna. A veces me imagino que vuelo y que
puedo senterme en su regazo para las noches. Es tan serena y tranquila
que parece que puede calmar el dolor.
-Entonces abrázame fuerte y no pares de mirarla. Esta noche toca ser feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.