sábado, 15 de noviembre de 2014

Semi dormir.

Con los ojos cerrados es como mejor se vive. No hay problemas, no hay preocupaciones ni disgustos, no hay responsabilidades ni movimiento. Todo está en calma y yo estoy serena, tranquila feliz. Además existe un momento en el que puedes soñar con lo que quieras. Tu mente es libre y además eres tú quien decide. No hay pesadillas ni remordimientos. Tan solo luz y color. Me imagino entonces que soy enfermera y que todos me quieren y me valoran por lo que soy. Que soy feliz, que sigo escribiendo de vez en cuando y que incluso publico un libro. También me imagino que vivo contigo y que nos amamos. Que nos cuidamos. Que somos felices,pi. Y entonces caigo dormida. Plenamente. Y ya no soy la dueña de mis pensamientos. Ahora sueño con lo que mis traicioneras neuronas decidan. Mezclan todo lo que quieren y se divierten a mi costa. Y finalmente despierto. Por unos segundos no sé diferenciar sueño de realidad. Me levanto y lo veo claro. Durante todo el día estaré ansiosa por volver a encontrarme en ese delicioso estado de semi despierta a la noche siguiente tan solo por disfrutar de esos cinco minutos de auténtico ensueño.

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