Con los ojos cerrados es como mejor se vive. No hay problemas, no hay preocupaciones ni disgustos, no hay responsabilidades ni movimiento. Todo está en calma y yo estoy serena, tranquila feliz. Además existe un momento en el que puedes soñar con lo que quieras. Tu mente es libre y además eres tú quien decide. No hay pesadillas ni remordimientos. Tan solo luz y color. Me imagino entonces que soy enfermera y que todos me quieren y me valoran por lo que soy. Que soy feliz, que sigo escribiendo de vez en cuando y que incluso publico un libro. También me imagino que vivo contigo y que nos amamos. Que nos cuidamos. Que somos felices,pi. Y entonces caigo dormida. Plenamente. Y ya no soy la dueña de mis pensamientos. Ahora sueño con lo que mis traicioneras neuronas decidan. Mezclan todo lo que quieren y se divierten a mi costa. Y finalmente despierto. Por unos segundos no sé diferenciar sueño de realidad. Me levanto y lo veo claro. Durante todo el día estaré ansiosa por volver a encontrarme en ese delicioso estado de semi despierta a la noche siguiente tan solo por disfrutar de esos cinco minutos de auténtico ensueño.
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