El tiempo pasa rápido y a la vez lento cuando estoy tumbada en el sofá. Pensativa. Ausente. Distraída. Observando las particulas que componen tu piel. Dimintuos fragmentos de pelo se camuflan, aparentando ser lunares cuando ni siquiera tienen permiso de residencia. Una suave ráfaga de viento amenaza con echarlos del territorio invadido. Finalmente, lo abandonan. Van a parar a no sé que otro punto desconocido para mí, en el que ya no son partículas de piel lo que abunda.
Siento haberlas dejado ir. No era mi intención echarlas de este cómodo sitio. Estoy segura de que cualquier otro peregrino que se preste a venir, intentará echar raíces. Buena suerte la próxima vez.
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