Al final del día el simple hecho de no derrumbarnos es suficiente motivo para celebrarlo. La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que vuelve - ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas, Oh, mi yo, Oh mi vida? Respuesta, que estás aquí - que existe la vida y la identidad, que prosigue el poderoso drama, y que puedes contribuir con un verso. Walt Whitman
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Poco a poco buscando el equilibrio y... dejándome llevar.
Que es verdad eso de que al final del día, es simple hecho de no derrumbarnos, es motivo suficiente para celebrarlo. Porque admitiré que suelo ser exigente conmigo misma y eso conlleva a querer conseguir objetivos a tu alcance, pero difíciles. Y que derrumbarnos no sólo significa que alguien nos haga sentir mal, o que no podamos más con nuestra vida. No. Derrumbarnos también incluye esa sensación de no estar agusto consigo mismo, de no querer mirarte ni al espejo, de querer desaparecer por un momento. Y eso nos lo hacemos nosotros mismos. Así que, ve a por ello, da todo de ti, ponte metas y quita los límites. Sé soñador, exigente y a veces realista. Sé cómo tú más quieras ser. Pero al final del día, si algo no ha salido bien, si has hecho algo mal, si has vuelto a cometer el mismo error de siempre... no te derrumbes. Si al final del día, tienes el valor de aceptarte tal y cómo eres y asumir lo que hayas hecho o lo que no, si has conseguido ver la parte mala y la parte buena y ya has hecho planes para el día siguiente, para que todo salga un poquito mejor, si no tiras la toalla, si sonríes ante las dificultades y los problemas y si además de todo eso, te sientes bien contigo misma, te quieres. Si al final del día, consigues no derrumbarte, es suficiente motivo para celebrarlo. ¿No crees?
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