Que cada uno puede elegir como vivir porque somos libres, uno lo empieza a entender cuando ya ha hecho mucho daño. Y es que nos da miedo esa palabra. Libertad. No queremos elegir nuestro modo de vida ideal porque eso significaría estar continuamente corrigiendo pequeños defectos y valorando si estamos haciéndolo bien. Preferimos vivir como lo hace el resto del mundo, dejándonos llevar por la masa. Porque así nadie te pide explicaciones, y con nadie me refiero a uno mismo. Si lo hace la mayoría, ¿no puede estar mal no? ¿No? ¿No?
Eco. Preguntas. No hay respuesta. No la hay porque cuando empiezas a preguntarte si realmente estas viviendo una vida digna con todo el mundo y contigo mismo, nunca nadie te había enseñado hasta entonces a reflexionar de esa manera. A juzgar sanamente y decidir si lo que haces está bien o no. Y te pierdes. Y te quieres encontrar pero de nuevo es mucho más fácil dejarse llevar.
Al final del día el simple hecho de no derrumbarnos es suficiente motivo para celebrarlo. La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que vuelve - ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas, Oh, mi yo, Oh mi vida? Respuesta, que estás aquí - que existe la vida y la identidad, que prosigue el poderoso drama, y que puedes contribuir con un verso. Walt Whitman
domingo, 19 de abril de 2015
Mcd
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