viernes, 5 de junio de 2015

Acojonante.

Nací. Crecí. Y maldigo el día en el que empecé a darme cuenta de todo lo malo. De las contradicciones de la vida.
Este año ha sido el año más frustrante de mi vida. Creo que el adjetivo exacto es impotente. Impotencia por darme cuenta de que la educación no es más que una competición de memoria. Que la palabra "valores" no existe y que tan solo le valora la inteligencia. Y lo mejor de todo, o pasas por ahí y lo consigues o realmente no eres nadie útil ni interesante. Un parado más, pero sin estudios que es más cutre aún. Pero, ¿adonde hemos llegado? A valorar más a una persona que copia y saca un 10 que a una que no lo hace por principios y prefiere aprender de otra manera. Menos tradicional. Menos aburrida. Más educativa. Porque parece que se nos ha olvidado el significado de educación y lo hemos sustituido por perfección.

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