-¿Qué te parece el café?
-Algo amargo y dicen que deja manchas en los dientes...
-Si te fuera la vida en ello, ¿crees que te gustaría?
-Supongo que me terminaría acostumbrando pero no sé, ¿a qué viene todo esto?
-Digo que tu vida es como el café, amarga y con cicatrices en el cuerpo. ¿Sólo aspiras a eso?
-No es eso a lo que yo aspiro, eso es lo que tu has definido como mi vida.
-Eso
es lo que tu piensas de ella, porque sólo ves la parte mala del café. Y
mientras hablamos ni siquiera te has fijado en que te hablo de cosas
que yo misma detesto, el propio café me da arcadas pero aquí estoy,
combinádolo con leche y galletas y con una parte de tí que se niega a
cambiar el sabor del café. ¿Por qué insistes en que es amargo y áspero?
Yo aquí contigo lo siento espumoso aunque distante. Puede que me llegue a
acostumbrar a él pero para cuando lo haga, ya habré cambiado su
sensación y entonces no será una costumbre sino una necesidad.
¿No te parece que ahora toca confiar en tí? Es tu vida y de quién tu quieras que sea.
¿No te parece que ahora toca confiar en tí? Me parece que ya te toca, que eres lo suficiente "mayor" :D
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